[RESUMEN] Por qué la grandeza no se puede planificar
Librazo, en serio
Sigo con resúmenes de libros.
Esta vez del último episodio del podcast.
Los temas que toco:
- La programación invisible de la infancia (03:20)
- El error de los investigadores (06:18)
- No fue inventado el avión (10:24)
- La ley de Campbell (13:25)
- Malas estrategias y confusiones de los objetivos (18:34)
- La frase de Richard Nixon (20:55)
- ¡¿Y qué hacemos entonces?! (24:18)
Te lo dejo para que lo escuches.
Si quieres leer el resumen sigue para abajo.
POR QUÉ LA GRANDEZA NO SE PUEDE PLANIFICAR
El libro de hoy se publicó en 2016 y es un librazo. Ha marcado un antes y un después en mi forma de ver la vida, de cómo enfocarla. Espero que a ti también te ayude. Al menos, a replantearte algunas cosas.
Solo está en ingles (por ahora) y se llama: Why greatness Cannot Be Planned. Su traducción al español sería "¿Por qué la grandeza no puede ser planificada?
Escrito por Kenneth Stanley y Joel Lehman. Dos informáticos con una especialización destacada en inteligencia artificial. De hecho, fue precisamente durante sus investigaciones en este campo cuando se toparon con la revelación sobre los mitos que rodean a los objetivos.
Fue entonces cuando comprendieron la trampa en la que, como sociedad y como individuos, hemos caído al obsesionarnos con ellos.
1. PRIMERO TE DIGO LO MALO
Quiero mencionar los aspectos que considero menos favorables del libro.
La primera y más evidente crítica que tengo es su extensión excesiva. El libro es demasiado largo; al menos la mitad de su contenido es relleno y podría haberse condensado a un tercio de su tamaño.
El afán por dejar la teoría central lo más clara posible. Que hace que a veces se exagera el punto principal. Aunque también entiendo que esta aparente exageración es parte de una lucha para establecer un contrapeso a la narrativa dominante sobre los objetivos.
Demasiados ejemplos de IA y evolución. Echo de menos ejemplos del día a día (que yo sí daré).
2. LOS OBJETIVOS NOS DOMINAN
Los objetivos ejercen un dominio abrumador sobre nosotros.
Desde nuestra más tierna infancia, los objetivos, las métricas y las comparaciones se insertan en nuestras vidas. Recuerdo cómo se pregunta cuándo un niño dejará el chupete, cuándo empezará a caminar...
Incluso el sistema educativo nos impone objetivos desde muy pequeños, con notas desde los tres años en el colegio. Esta manía por los objetivos se queda y nos persigue para siempre: aprobar el curso escolar, conseguir un trabajo, sacarse una carrera, adelgazar, comprarse un buen coche…
Es como si los objetivos nos tuvieran completamente dominados, cual si fuéramos robots.
2.1 ¿Y por qué esta obsesión desmedida?
Los autores explican que los objetivos nos proporcionan una engañosa sensación de confort y previsibilidad ante la incertidumbre inherente de la vida. Tener un objetivo claro y cuantificable nos da una supuesta seguridad, una validación de que no estamos perdiendo el tiempo. Incluso si el objetivo en sí mismo es perjudicial, o si el acto de perseguirlo le quita valor, nuestro cerebro, sediento de seguridad y certidumbre, se aferra a él.
Creemos que si tenemos un objetivo claro, ya lo tenemos, ya estamos en el camino correcto.
Pero aquí reside el gran problema, la gran trampa que el libro desvela: al fijar un objetivo, inevitablemente estamos descartando una infinidad de otras posibilidades.
Y la realidad, el mundo que nos rodea, es infinitamente más amplio y complejo de lo que nuestra visión limitada puede abarcar. Quiero poner un ejemplo muy claro, algo que he observado desde que empecé a escribir en Twitter y hacer vídeos. ¿Por qué algunos hilos o vídeos se hacen virales y otros no?.
Mucha gente intenta vender el truco, pero la verdad es que nadie sabe realmente la fórmula mágica, especialmente al principio, cuando no tienes una base de seguidores.
Haces muchos vídeos y, de repente, uno explota y el resto no. Te preguntas: ¿por qué este vídeo se hizo viral?. Cuando empiezas a generar contenido, te das cuenta de que todo es mucho más relativo. Algunos dicen haber entendido el algoritmo y saber cómo hacer vídeos, pero es una mentira que dicen para vender su moto. No existe una fórmula fija, y la vida funciona de la misma manera.
Esta problemática se manifiesta de forma flagrante en el ámbito científico, es vergonzoso. Ya he abordado los problemas de la ciencia actual en el episodio sobre la Abundancia.
2.2 La tontería de la ciencia
Pero Kenny y Joel señalan otro punto crítico: la exigencia de establecer objetivos claros para la investigación. Pero yo me pregunto,
¿Cómo se puede investigar o explorar si ya tienes un objetivo definido?
Es absurdo.
Precisamente, la verdadera investigación, los grandes inventos y descubrimientos, surgen de la nada, no de buscarlos directamente.
Si te sumerges en la historia de la mayoría de los inventos, verás que surgieron mientras se buscaba otra cosa completamente diferente. Esa es la clave: la mentalidad de explorar en general, no de búsqueda de un objetivo específico. Sin embargo, los proyectos que se aprueban y reciben financiación son aquellos que tienen más probabilidades de encontrar lo que se busca.
Y así nos encontramos hoy en día: se gasta más dinero que nunca en investigación, cantidades ingentes, pero cada vez hay menos innovación en muchos sectores.
El gran problema de los objetivos ambiciosos, o de la verdadera innovación y el descubrimiento, es que se encuentran a varios pasos de distancia. El resultado final no es un salto directo, sino que surge de una cadena de otros descubrimientos.
Los tubos de vacío, por ejemplo, fueron fundamentales para los primeros ordenadores, pero no se inventaron con ese fin. Estaban destinados a la electricidad o detectar ondas de radio. Sin embargo, sirvieron indirectamente para crear los ordenadores. Y esto ocurre con casi todo. El microondas se desarrolló inicialmente para radares, no para los hornos domésticos. Pero nuestra cultura, esa que persigue objetivos claros, percibe la exploración sin una meta definida como una pérdida de tiempo, como un error.
Incluso Steve Jobs, a quien, debo admitir, le tengo cierta manía, dedicó un tiempo a la exploración. Sin embargo, cuando le preguntaban al respecto, mentía. Mentía porque eso se veía muy mal en ese entorno de productividad y de búsqueda de objetivos definidos.
2.3 La parte buena
No obstante, y es crucial señalarlo, los objetivos también tienen su lado positivo.
Pueden ser útiles, pero la clave es discernir cuándo realmente sirven. Son eficaces cuando se busca una mejora incremental, cuando se quiere avanzar un poco.
Por ejemplo, para un fabricante que busca aumentar la eficiencia de su producto en un 5% se beneficiará de un objetivo claro. Una empresa que desea actualizar su software de la versión 2.0 a la 3.0 tiene muchas más probabilidades de éxito si se marca un objetivo.
Los objetivos son muy útiles para cosas cotidianas o para metas alcanzables.
Esto es lo que muchos supuestos genios hacen: juntan diferentes innovaciones existentes que ya están a un escalón de distancia.
Los hermanos Wright, cuando inventaron el avión, no lo hicieron de la nada. Se apoyaron en una miríada de inventos previos.
3. NO BUSCAR OBJETIVOS
Tener objetivos excesivamente ambiciosos es perder el tiempo. Por eso el título del libro es tan acertado: "¿Por qué la grandeza no se puede planificar?".
Cuando la meta es muy ambiciosa requiere una serie de pasos adicionales desconocidos, que no puedes preverlos. Inventos imprevisibles previos a tu objetivo final.
De hecho, si te marcas un objetivo y lo mides constantemente, te estás cerrando puertas a muchas otras cosas valiosas. Esto se aplica a la búsqueda de la verdadera creatividad, la innovación, e incluso a la felicidad. Si buscas la felicidad de forma explícita como un objetivo, es probable que no la encuentres. Lo mismo ocurre con el amor; esas personas desesperadas por tener pareja a menudo no hallan el amor verdadero, o se conforman con alguien que no les satisface plenamente.
El amor, la felicidad, surgen cuando no los buscas como un objetivo.
Puede sonar desalentador para algunos, pero en realidad no es triste; la magia reside en que aparecen de forma inesperada.
Esta obsesión por los objetivos también se vincula con la salud mental. Es un fenómeno paradójico: ahora, supuestamente, sabemos más que nunca sobre salud mental, pero se dice que estamos peor que nunca. Esto se debe a:
La salud mental se mide más que nunca.
Se busca expresamente como un objetivo.
Los autores del libro van más allá y afirman que los objetivos generales, a nivel social, hacen más daño que bien.
Y lo respaldan con numerosas pruebas científicas. Esto me lleva directamente a la Ley de Campbell, un concepto fundamental en las ciencias sociales. Esta ley postula que cuanto más se utiliza un indicador social cuantitativo —como el Producto Interior Bruto (PIB), las notas académicas o cualquier métrica de salud—, más se somete a presiones corruptas y a la distorsión. Te centras exclusivamente en esa métrica, y para alcanzarla, sacrificas muchas otras cosas importantes, o incluso recurres al engaño.
Justamente es lo que comentaba recientemente en el resumen de “La sorprendente verdad sobre qué nos motiva”.
Los indicadores sociales, como el rendimiento académico, pueden hacer mucho daño. Lo único que consiguen es que los profesores, al ser juzgados por el rendimiento en las pruebas, se especialicen en que los alumnos aprueben el examen, y nada más. No se centran en que los alumnos sean más sabios, adquieran más conocimientos o desarrollen habilidades significativas, sino en que sean buenos memorizando o haciendo exámenes.
Recuerdo una anécdota muy vívida de cuando me saqué el carné de conducir. El instructor, un tipo peculiar, me dijo algo muy acertado: "Yo aquí no te enseño a conducir, yo aquí te voy a enseñar a pasar el examen de conducción. Luego, cuando tengas el carné, ahí vas a aprender a conducir". ¡Pura Ley de Campbell, señores!
De hecho, también está relacionado con otro resumen. El de "Potencial Oculto", donde hablé de un país del norte de Europa que no se fijaba objetivos numéricos, y cuyos alumnos, paradójicamente, eran de los mejores del mundo.
*Incluso hice un curso gratuito basándome en ese libro.
4. PELDAÑOS Y ESCALERAS
La propia evolución en la naturaleza funciona así, de forma gradual, paso a paso. Por eso hay muchas características que tenemos que realmente no nos ayudan hoy en día.
Pero ocurre lo mismo con las grandes empresas: la mayoría no empezaron con el objetivo que las llevó al éxito. Tenían una meta inicial, sí, pero luego se dieron cuenta de que su verdadera mina de oro estaba en otra cosa. ¿Sabías que YouTube, al principio, se concibió como una web de citas por vídeo?
Porque tuvieron una mente abierta para ver la serendipia.
Algunas personas podrían pensar: "Ah, no, pues entonces vamos a mezclar: tener un objetivo y no renunciar a él, pero a la vez estar abiertos a una variedad de pasos alternativos".
A ver si adivinas quién dijo esto y cuándo:
"Estamos tan cerca de encontrar la cura para el cáncer que solo nos falta la voluntad, el dinero y la planificación integral que se invirtió en llevar al hombre a la luna".
Esto, que podría parecer dicho hace apenas dos años, fue pronunciado en 1972 por Richard Nixon.
Hace más de 50 años que se impulsaron muchas investigaciones para encontrar la cura para el cáncer, comparándolo incluso con la hazaña de llevar al hombre a la luna. Pero aquí reside la diferencia fundamental: para llevar al hombre a la luna, hacía falta un solo "peldaño". Para la cura del cáncer, sin embargo, hacen falta muchos, una cadena de descubrimientos.
Por eso aún no se ha conseguido la cura definitiva para el cáncer. Sí, se han logrado muchísimas cosas, pero la cura del cáncer no.
5. BUENA ESTRATEGIA / MALA ESTRATEGIA
Ya comentamos este librazo en el podcast hace un tiempo. Y lo rescato porque tienen mucha relación. Los dos marinan muy bien.
El autor, Rumelt, defendía que para tener una buena estrategia, primero tenías que investigar y probar otras alternativas. Es decir, tenías que estar explorando.
Además, Rumelt era partidario de abordar un problema concreto, algo alcanzable, no aspiraciones superambiciosas. No buscaba la "revolución", sino soluciones prácticas. Se oponía a las estrategias basadas en eslóganes vacíos y grandilocuentes como "vamos a ser los mejores del mercado" o "vamos a innovar".
Él también hablaba precisamente de la exploración. Por tanto, si ya tienes una estrategia clara, pero solo porque la has detectado a través de la exploración, y sigues dejando espacio para ella sin ser excesivamente ambicioso con tus planes, entonces sí, esa estrategia puede encajar perfectamente.
Al mezclar estos dos librazos te das cuenta de cuándo una estrategia puede ser realmente buena y cuándo es mala. Y es que incluso una mala estrategia es aquella en la que te fijas un objetivo demasiado ambicioso. Entonces, te preguntarás…
6. ¿NO HAY QUE BUSCAR OBJETIVOS?
¡Efectivamente!
Un estudio vio que dos tercios de las personas hemos elegido nuestra profesión por serendipia. De hecho, mi propio trabajo me llegó casi de rebote. Me fui a estudiar a Francia, y allí descubrí una asignatura que me encantaba. Luego volví a España, estuve probando en diferentes sitios y enviando currículums a muchos lugares hasta que, de pronto, dije: "Ah, mira, esto puede estar bien porque más o menos encaja con lo que tengo". No fue un "voy a estudiar esta carrera para este trabajo concreto".
El hecho de que yo montara el podcast tampoco fue algo que hubiera pensado toda la vida ni fuera mi objetivo. Me vino casi de rebote, leyendo libros. Y así ha ocurrido con todas las grandes cosas de mi vida. Mi pareja, por ejemplo, la conocí de rebote, a través de una amiga en común, no fue por Tinder ni nada parecido.
Si te pones a pensarlo te habrá pasado lo mismo.
Pero, y esto es muy importante, esto no significa que, al no tener un objetivo fijo, debamos vagar sin rumbo.
¡Para nada!
Podemos tener en cuenta otros indicios, que son mucho más importantes que el simple rendimiento. Si lo que haces:
Te genera más inspiración y ganas de crear
Es elegante y bello
Si es novedoso
Si genera simplicidad (eso es la sabiduría)
6.1 La búsqueda del tesoro
Los escritores hablan de la "búsqueda del tesoro". De estar explorando, de estar buscando. Y como motor hacer cosas que te apasionen, que te gusten, que te llamen la atención. Porque si haces algo que realmente disfrutas, es mucho más probable que se te dé bien, que te enganches y que, finalmente, acabes descubriendo una verdadera "mina de oro".
Pero la clave es esa: la caza del tesoro, la búsqueda, no el objetivo concreto y rígido.
Si alguien dice "quiero ser rico", empieza a estudiar, se saca la carrera y le ofrecen unas prácticas que le encantan pero no le pagan, quizás piense: "No voy a hacer estas prácticas porque si no estoy ganando dinero, no me voy a acercar a ser rico".
Esto no tiene sentido. En cambio, si se pone a hacer esas prácticas, le gusta, es muy bueno en ello, a lo mejor indirectamente acabará siendo rico, porque ese impulso inicial puede llevarlo a ello, pero de forma indirecta. Me encanta encontrar las cosas, los objetivos, de forma indirecta.
Hay ejemplos concretos que me encantan. Pensemos en Elvis Presley. Él, en realidad, solo quería cantar y "hacer el tonto". Él disfrutaba, y después, de forma indirecta, surgió todo aquello. Johnny Depp es otro caso similar. Él tocaba en una banda, y su objetivo no era ser actor. Pero fue a través de la hermana del bajista, que era maquilladora, como se introdujo en el mundo de la interpretación. Es decir, si no hubiera tocado en esa banda, no se hubiera convertido en el actor famoso que es. Su éxito le vino "indirectamente".
6.2 Nuevo, nuevo, nuevo
Kenny y Joel también hablan de otra técnica crucial: la novedad.
Lo importante, dicen, es el interés, la novedad. Probar repetidamente cosas nuevas es lo que puede hacer que surja algo valioso.
Comparten un experimento que hicieron con robots que tenían que resolver un laberinto. A un robot se le dio el objetivo claro de salir del laberinto. A otro robot, en cambio, se le dio la instrucción de explorar nuevas técnicas, de buscar novedades y nuevas formas de moverse.
¿El resultado? De 40 intentos, el robot que buscaba novedades logró salir del laberinto 39 veces, aprendiendo a girar y a no chocarse. Mientras tanto, el robot con el objetivo fijo solo lo consiguió 3 de 40 veces.
Fue este revelador experimento lo que llevó a los autores a exclamar: "¡Eh, aquí hay algo! ¡Aquí realmente los objetivos a lo mejor están sobrevalorados!".
Esa fue la "chispa" que encendió su investigación y el desarrollo de las ideas de este libro.
7. RESUMIENDO
Se trata de estar abierto a las posibilidades.
Casi como en la película de Jim Carrey, "Di que sí".
El personaje tenía esa "maldición" de tener que decir a todo “sí”.
Pienso en mí mismo: hace cuatro años, cuando monté el podcast, ¿quién me iba a decir que después organizaría aventuras por China? Una cosa me llevó a la otra, pero ni siquiera lo había pensado. Sergio Parra me lo propuso, e hice como Jim Carrey: decir que sí (a pesar de pensar que estaba loco).
Pues ya estamos organizando el segundo viaje para noviembre.
Todo por tener la mente abierta y de aceptar que no hay un camino único preestablecido porque vivimos en sistemas complejos.
En resumen:
Para lograr los objetivos más elevados, tenemos que estar dispuestos a abandonarlos.
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